Uno de los primeros en mencionar este documento fue Eudoro Carrasco en sus Anales de la ciudad del Rosario de Santa Fé, con datos generales sobre historia argentina, 1527-1865 . Después del padrón de 1738, este es el primer recuento concienzudo de la población del pueblo del Rosario y su productor fue, nuevamente, el alcalde de la hermandad, es decir, su máxima autoridad de gobierno y justicia. Bernardino Moreno, tal su nombre, lo hizo en cumplimiento del artículo 1º de la sección 1º, capítulo 3º del Estatuto Provisional para el régimen y gobierno del Estado dictado por la Junta de Observación de 1815, que mandaba formar registro público de todos los habitantes de los territorios bajo su jurisdicción.
El documento fue analizado por varias colegas especialistas en la historia de la primera mitad del siglo XIX de nuestra ciudad (Hebe Viglione, María Eugenia Astiz, Vilma Bidut, Elsa Caula, Nora Liñán, entre otras) que han intentado rescatar de estas planillas manuscritas con datos organizados en ocho columnas, no solo la información de las personas (se escribe en ellas cuál era el lugar de nacimiento, la edad, la ocupación, el “estado y clase” así como su aparente adscripción étnica (pardos, morenos) de varones y mujeres.
Este padrón permite, entre otras cosas, comprobar que el pueblo del Rosario, como lo hemos mencionado en entradas anteriores, tenía un aspecto urbano: dividido en manzanas, sus casas fueron señaladas como base de viviendas familiares alrededor de las cuales se organiza el recuento. Por entonces una “casa”, como lo ha definido magníficamente Juan Carlos Garavaglia, era la unidad donde vivía no una familia nuclear, sino los que comían y dormían bajo los mismos techos y compartían la misma olla. Está claro que dentro de las casas había jerarquías y, como puede observarse, no faltaron en las casas de los rosarinos y las rosarinas de entonces, gente de servicio que en muchos casos eran designados directamente como esclavos –y en otros recibían otras denominaciones sencillamente por no tener esa condición jurídica–.
No debe esperarse de este padrón una taxonomía clara de acuerdo con nuestros criterios actuales, antes bien la pericia del alcalde estriba en que sencillamente anotaba lo que comprendía de las relaciones, dejándonos por lo tanto un variopinto registro de percepciones nativas (de la época) para mencionar las ocupaciones, el origen y la referenciación étnica de la gente que iba encontrando en cada casa.
Como lo señalan Garavaglia, pero también Viglione y Astiz, cuando un nombre va precedido de “don” o “doña”, está registrando la relevancia social que la persona registrada tenía en la comunidad en ese momento.
El orden del registro expresa, también, la relación con el centro del pueblo: al comienzo están las viviendas que rodean la plaza central (incluso la iglesia) y es por eso que, a medida que el registro avanza, encontramos menos oficiales militares, comerciantes y otros oficios considerados nobles y cada vez más peones, soldados y dependientes de todo tipo.